YA NO SOY TUS OJOS

No exiten límites.
Las palabras remontan vuelo, se escapan.
El horizonte se extiende. Me abraza.
Se acaba el silencio.
La brújula estalla. Se da por terminada toda búsqueda.
Hay senderos intransitables, que se esfuman, y hay agujas oxidadas por el tiempo.
Un ave se excita con la primer luz del día. Y ese canto ensordecedor se convierte en un puñal, que me dibuja en el pecho una grieta indeleble.
No existen reflexiones.
La filosofía muere en la incertidumbre de los desesperados.
El invierno extingue las ansias, pero con ellas se va el dolor.
Hay soledades eternas. Hay alegrías efímeras.
Hay retazos de inocencia, y una miseria cautiva.
Tantas cosas se observan desde el umbral de tus pupilas,
tanta imagen deformada, por la resina de las lágrimas.
Y es oportuno, y es elocuente,
afirmar que somos ciegos,
y que en realidad,
al rededor nuestro, ya no queda más nada.


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