Doblete de cosas



Ya te he dicho, 
que no me canso 
de aspirarme el agua hirviendo,
de desayunarme las uñas rabiosas,
del pasado que evoco
mientras se me empaña la piel.
¿Acaso no te he dicho?
que las golondrinas no viajan en invierno,
ni el azul de las alas 
se confunde con el mar.
Y que ni el tiempo que pierdo,
buscándome, 
en ese nido movedizo,
en los ojos perlados que me sabes ofrecer,
regresará para inclinarse ante nosotros,
como un súbdito apesadumbrado.
Estúpido el tiempo. 
¿Que qué soy?
solo un montón de tinta acumulada en los dedos.
Un sin fin de preguntas mal formuladas. 
¿Es que en realidad nunca te lo he dicho?


  •  
Si no fuera porque los lapachos lloran,
y la ciudad está podrida,
y si no fuera porque te espero en cada esquina,
y me tropiezo con quien no espero.
Tropiezo. Una, dos veces. A quién le importa.
Llevo el manojo de sugerencias, arrastrando,
como lenta, como en pausa. 
Si no fuera porque no soporto el torbellino anabólico,
que saca a relucir la merluza después de hora,
y caminar y caminar entre piropos improvisados y berretas.
Ay! si estuvieras para verlo y vomitar de miedos y de sueños,
porque en esta calesita manda el más escandaloso,
y yo desaparezco por las calles amargas, decadentes.
La madrugada se calienta más que nunca, 
cuando nos hartamos de rogarle al pibito que nos cargue la mochila.
Como si no fuera suficiente.
Como si a través de esta botella, 
soportara el peso de no verte,
moviéndote translúcido y escarchado.
Ay! si estuvieras para verlo y vomitar, entre tanto vacío de vidrio.

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