UN LUGAR

Voy a escoger un lugar,
que me reciba de brazos abiertos,
que me pinte de fuego,
que me robe una canción,
y me permita anudarme, enredarme como alambre,
que reciba mis dolores y temores
y los haga bailar delante de todos.
Con vestiduras ligeras,
y maquillajes grotescos,
aniquilando vergüenzas y desdichas.
Porque no existe piedra que no haya de interponerse,
ni lenguajes predilectos,
ni canciones imposibles.
Busco el lugar y me dejo caer,
como estrella vieja,
como el silencio en la noche.
No resisto el cemento de la piel,
los recorridos inciertos,
los oscuros pasajes
de este cuarto a la vida misma.
Decido que el lugar es un diálogo eterno,
el brillo de una gota viajera,
la calle, el afuera, el ser otro extraño.
Lo que expongo entre ambos,
el parásito del alma,
el andar endeble,
la apuñalada certera.
Porque no hay vestigios de lo absurdo,
ni receptores elocuentes,
que me extrañen,
me arranquen, me despojen
y descansen sobre mi.




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