Ando como sin rumbo,
aplastada entre el dorado del otoño.
No me importan las pausas,
aguardo un misterio materializado en los sueños.
El mundo se apaga en sus ojos,
al calor de esos brazos contentos.
Hay retazos de luna en cada madrugada.
Aquí me encuentro conversando con el témpano.
Las calles tienen miedo,
el miedo tiene memoria,
la memoria es la angustia,
y la razón, empaña el recuerdo que se clava en mis sienes.
aplastada entre el dorado del otoño.
No me importan las pausas,
aguardo un misterio materializado en los sueños.
El mundo se apaga en sus ojos,
al calor de esos brazos contentos.
Hay retazos de luna en cada madrugada.
Aquí me encuentro conversando con el témpano.
Las calles tienen miedo,
el miedo tiene memoria,
la memoria es la angustia,
y la razón, empaña el recuerdo que se clava en mis sienes.
Comentarios
Publicar un comentario