¿Cuál es tu pena?
La herida que sangra.
Y por la rendija se escapan mil demonios,
aguerridos, perturbados.
Quiero pensar en el sentido del todo,
las horas que son como cachetadas al alma.
Liberarme de cadenas inútiles,
si es que es necesario todo esto,
si es que la luz sigue intacta,
y la convulsión no es en vano.
Quiero decir,
hoy no me encuentro.
Soy el resultado de un golpe,
la caricia mendiga,
el cuerpo amargo,
el desierto entre las sábanas,
los llantos efímeros.
Y es que sigo aquí,
purgando los días,
con despertares eternos,
por infructuosos canales mentales.
Ni la retórica, ni el alto parlante,
ni las células cadenciosas que conforman mi vida.
Es como la noche incandescente,
y los bosques furtivos.
La pena es como retroceder en cada paso,
estirar los brazos sobre tu cuerpo laxo,
y que el tiempo no cante,
ni los pájaros pasen.
Explayarme en el infinito,
sucumbiendo al placer,
que fuiste, sos y serás.
Hasta que en un reposado suspirar,
te siento al fin,
acechando entre una marejada de besos miserables,
de cigarrillos inquietos,
de miradas que aturden, mientras nos pienso imposibles.




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