Te invito a que me abandones.
Salís, tomás cualquier atajo.
Perdete. Siempre en la penumbra.
Sos el fantasma que me interpela.
Estoy vacía. Desnuda.
Andate por los
pasillos eternos.
Hay una luz en el techo.
Tengo las venas hinchadas,
los ojos deshechos.
Mi rostro se hace agua,
porque no hay Domingo que me salve.
Borrate del silencio.
Me duermo en un suspiro tembloroso,
de versos imposibles,
de cuartos herrumbrados.
Mudate a otro cuerpo,
mientras que me desvanezco como el amanecer en tu mirada.
No existo,
porque la no acción,
el no beso,
el no abrazo,
el no amor,
no paran de desfigurar la silueta,
de esa cosa amorfa e inepta que soy y no paro de ser.
Andate. Alejate.
No sin antes perdonarme el futuro.
Salís, tomás cualquier atajo.
Perdete. Siempre en la penumbra.
Sos el fantasma que me interpela.
Estoy vacía. Desnuda.
Andate por los
pasillos eternos.
Hay una luz en el techo.
Tengo las venas hinchadas,
los ojos deshechos.
Mi rostro se hace agua,
porque no hay Domingo que me salve.
Borrate del silencio.
Me duermo en un suspiro tembloroso,
de versos imposibles,
de cuartos herrumbrados.
Mudate a otro cuerpo,
mientras que me desvanezco como el amanecer en tu mirada.
No existo,
porque la no acción,
el no beso,
el no abrazo,
el no amor,
no paran de desfigurar la silueta,
de esa cosa amorfa e inepta que soy y no paro de ser.
Andate. Alejate.
No sin antes perdonarme el futuro.
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