Me despido todo el tiempo
Me despido entrelazada,
entre un caudal de brazos perseverantes,
que se alejan cuando atravieso el obscuro umbral,
la línea imaginaria que nos separa.
Línea infinita.
En algún punto nos chocamos.
Yo camino obnubilada,
por sendas de atardeceres feroces,
el verano me traslada,
en fragancias que se evaporan,
en los trazos de tu memoria.
Me despido todo el tiempo,
porque el sonido de tu voz,
el bálsamo del llanto,
la armonía de tus labios,
obligan a redimirme del amor.
La muerte del sentimiento equívoco,
nos halla tendidos
piel a piel,
sobre una montaña de deseos,
fervientes en la vorágine del mar.
Caminos diferentes,
inalcanzables,
insoportables.
Trazamos el destino,
sedientos de luz,
el alma que no es.
Nos despedimos, en un movimiento certero,
en un adiós veleidoso.
Creyendo fervorosamente,
en la historia que inventamos,
atravesando puentes inciertos,
derribando murallas recónditas,
sumergiéndonos lentamente
uno dentro del otro.
Y así,
nos excusamos de la espera...
entre un caudal de brazos perseverantes,
que se alejan cuando atravieso el obscuro umbral,
la línea imaginaria que nos separa.
Línea infinita.
En algún punto nos chocamos.
Yo camino obnubilada,
por sendas de atardeceres feroces,
el verano me traslada,
en fragancias que se evaporan,
en los trazos de tu memoria.
Me despido todo el tiempo,
porque el sonido de tu voz,
el bálsamo del llanto,
la armonía de tus labios,
obligan a redimirme del amor.
La muerte del sentimiento equívoco,
nos halla tendidos
piel a piel,
sobre una montaña de deseos,
fervientes en la vorágine del mar.
Caminos diferentes,
inalcanzables,
insoportables.
Trazamos el destino,
sedientos de luz,
el alma que no es.
Nos despedimos, en un movimiento certero,
en un adiós veleidoso.
Creyendo fervorosamente,
en la historia que inventamos,
atravesando puentes inciertos,
derribando murallas recónditas,
sumergiéndonos lentamente
uno dentro del otro.
Y así,
nos excusamos de la espera...
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